Historias que nos impactan: una difícil decisión, un sueño, el deseo de aprender
La mayor parte de lo que hacemos en la fundación es concreto y urgente: kits de aseo, útiles escolares, ropa de abrigo, zapatos. Cosas que se necesitan ya. Y eso tiene un valor real, uno que se siente cada vez que vemos la cara de un niño recibiendo algo que necesita.
Siempre estamos dispuestos a ayudar desde nuestros limitados recursos, y en medio de nuestro trabajo, en ocasiones nos encontramos algo distinto. Una necesidad que no se resuelve con un kit, sino con una apuesta, tocando puertas y buscando las alternativas para poder lograrlo. Y esas son las que nos recuerdan por qué hacemos esto.
Un joven de 16 años que había tenido diferentes tratamientos en el INC, que era originario de Venezuela, tomó la decisión de volver a su país, para estar en su tierra y con su gente cuando llegara lo inevitable. Pudimos apoyar y acompañar su proceso de retorno con aportes económicos para el transporte y medicamentos.
En septiembre de 2021, a través de la fundación Emilio que está de manera permanente en el INC, nos enteramos de un niño de 6 años que quería conocer el mar. Nunca lo había visto. Con el apoyo de varias personas y entidades que se sumaron, se logró financiar el viaje para él y sus padres a Santa Marta. Pudimos apoyar con algo sencillo en apariencia, pero algo con lo que no contaba su familia: la ropa y calzado que él necesitaba. Fue la primera vez que la fundación hacía algo así, aportar para que él cumpliera su sueño, y fue una experiencia que nos marcó — él nos marcó a todos los que participamos. Nos mostró que a veces el mayor impacto no está en lo más costoso, sino en lo más significativo.
Hace poco, otro joven de 16 años que enfrenta largas temporadas de hospitalización nos contó su deseo de aprender programación e inglés. Tiene claro lo que quiere hacer con su tiempo, incluso desde una cama de hospital. El único obstáculo era práctico: necesitaba un computador portátil para poder empezar.
Ahí es donde la empresa CariAI se unió para apoyar esta causa, donando un equipo, y con ese gesto hizo posible algo que para nosotros sería difícil de financiar por cuenta propia. Para una organización como la nuestra, cada recurso cuenta, y contar con aliados que entiendan eso es fundamental.
Cuando entregamos el equipo, sentimos el deseo que tiene de aprender y de estudiar, que solamente necesitaba la herramienta para poder hacer todo lo que anhela. Lo que para muchos de nosotros es algo tan normal como tener un computador o conexión a internet, para estos niños no siempre es posible.
Esa historia nos quedó grabada. El computador ya está en sus manos.
No sabemos si va a empezar por Python o por su primera frase en inglés. Pero ya tiene con qué elegir. Junto a su sueño de ser un desarrollador, también añadió un lado artístico, iniciando lecciones de guitarra en línea. Y eso, que parece poco, lo cambia todo.
Desde la Fundación, extendemos nuestro más sincero y cariñoso agradecimiento a todas aquellas entidades y personas que han aportado desde su posibilidad, porque han habilitado cosas realmente inolvidables, en particular a CariAI.
Si tu empresa o tú personalmente quieren ser parte de historias como esta, nos encantaría contarles cómo.
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