Iniciamos el año organizando nuestro plan de trabajo con el deseo profundo de poder apoyar cada vez más a nuestros niños y a sus cuidadores. Sabemos que la labor no siempre es fácil: queremos dar más, llegar a más familias y brindar mayor bienestar, pero muchas veces los recursos y las manos no son suficientes para materializar todos los sueños que nacen del corazón.
Dentro de este plan de trabajo para el 2026, como fundación, surgió una idea muy clara: poder entregar bonos de almuerzo a los cuidadores de los niños el día de nuestras visitas al Instituto Nacional de Cancerología (INC), junto con las ayudas que tradicionalmente llevamos. Este propósito nació del reconocimiento de una realidad silenciosa: los cuidadores también se desgastan, también pasan largas horas sin descanso y, muchas veces, sin lo más básico.
En medio de estas reflexiones llegó una experiencia que nos alegró y marcó profundamente nuestro corazón, reafirmando el propósito de la Fundación Pequeños Guerreros de Vida. Así nació el proyecto “Manos que Nutren, Amor que Sostiene”, a partir de una donación inesperada pero profundamente significativa, que llegó como una verdadera bendición y se transformó en apoyo real para niños en tratamiento oncológico y sus cuidadores en el Instituto Nacional de Cancerología (INC).
La historia de este proyecto comienza con un acto de fe y sensibilidad humana. Una donante, movida por el deseo de ayudar y guiada por lo que ella misma describe como una señal de Dios, llegó hasta nuestra fundación. De ese encuentro surgió una donación que nos permitió llevar alivio, nutrición y acompañamiento a quienes hoy enfrentan uno de los procesos más difíciles de sus vidas.
Durante nuestra visita al Instituto Nacional de Cancerología recorrimos los servicios de hospitalización, urgencias y la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). En cada espacio encontramos historias de valentía, familias resilientes y pequeños guerreros que, aun en medio de la adversidad, nos regalaron sonrisas, miradas llenas de esperanza y una enorme lección de fortaleza.
Gracias a la donación recibida, logramos entregar:
El Fresubin y las leches quedaron bajo custodia del hospital, que realizará la entrega de estos suplementos de acuerdo con las necesidades nutricionales específicas de cada niño, garantizando así un uso adecuado, responsable y equitativo de los recursos.
De manera complementaria, y gracias a otras donaciones gestionadas por la fundación, hicimos la entrega de 25 bonos de almuerzo destinados a los cuidadores de los niños. Fue profundamente impactante ver la sorpresa y el agradecimiento reflejado en sus rostros. Uno de ellos nos dijo con sinceridad: “Hoy no he ni siquiera desayunado”.
Sus palabras nos dolieron, pero también reafirmaron la importancia de este gesto y la urgencia de seguir acompañando no solo a los niños, sino también a quienes los cuidan.
Este proyecto llegó en un momento clave. Como organización social, sabemos que el camino no siempre es fácil: hay días de cansancio, retos financieros y emocionales, y momentos en los que las fuerzas parecen agotarse. Sin embargo, experiencias como esta nos recuerdan que no caminamos solos.
Actos de amor como esta donación nos levantan, nos renuevan y nos confirman que nuestra motivación sigue intacta: el amor por los niños, el deseo de ayudarles, de acompañarlos y de contribuir, aunque sea un poco, a mejorar su día y cubrir alguna pequeña necesidad que les devuelva alegría y tranquilidad.
Seguiremos trabajando sin desmayar por nuestros niños y sus familias. El proyecto “Manos que Nutren, Amor que Sostiene” representa mucho más que una entrega de ayudas: es un símbolo de confianza, de fe puesta en acción y de la fuerza que tiene una sola persona cuando decide ayudar.
Desde la Fundación Pequeños Guerreros de Vida, agradecemos profundamente a la donante que hizo posible esta jornada, al Instituto Nacional de Cancerología por abrirnos sus puertas, y a todas las personas que, con sus aportes y oraciones, sostienen esta labor.
Seguiremos trabajando con el corazón puesto en cada niño, convencidos de que cada acto de amor cuenta y que, juntos, podemos seguir nutriendo esperanza.
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